enredaderas

pintura de María José Serrano enredaderas

ciudad serpentina, acrílico sobre lienzo, 73 x 60 cm, 2018.

Obra en acrílico de María José Serrano

hueco, acrílico sobre lienzo, 73 x 60 cm, 2018.

Obra de maría José serrano

cup of tea, acrílico sobre lienzo, 162 x 130 cm, 2019

Los cuadros de María José no son fáciles de ser leídos. Uno se da cuenta, con el tiempo, que son imágenes para ser miradas. Este punto de partida ya supone una dificultad: este rechazo consciente de la artista a una lectura conceptual de su obra nos sitúa, o al menos me sitúa, en un espacio de silencio incómodo de negociar. Esos rastros pictóricos que deja en las superficies de sus cuadros son lo único a que sujetarse. Rastros que se construyen a partir de un proceso lento, arbitrario, cuyas normas se escriben en el camino. Cada paso está condicionado a lo que le precede. El objetivo, por mucho que exista, es totalmente desconocido. María a veces llega muy cerca, pero de repente todo se desmorona y de nuevo, con esa insistencia de hormiga obsesionada y trabajadora, reprende el camino. Ya que han salido las hormigas, haré una analogía. Cuando veo las hormigas trabajar, todas ellas disciplinadas y concentradas en sus tareas de construir un nido o de recolectar migas menospreciadas por nosotros, de alguna manera me recuerdan a María cuando construye sus imágenes. El trabajo de María, como el de las hormigas, ocurre en la distancia: las hormigas es una cuestión de escala, el caso de María es una cuestión de lenguaje. Pero uno se da cuenta de estos procesos aparentemente inofensivos cuando cogen magnitud. Uno se molesta con las hormigas cuando consiguen llegar a tu preciada comida, cuando te las encuentras cara a cara en la estantería de tu cocina y persigues, sin triunfo, el camino infinito que han trazado. Con los cuadros de María es algo parecido, te das cuenta cuando te los encuentras de frente. E igual que con las hormigas, sus trazos hacen que desees seguirlos convirtiéndose, así, en enredaderas donde perderse.

Bernat Daviu