Taller de artista

Ser artista y disfrutar el intento

De ahora en adelante ver si esto es posible: poner la alarma para las siete y media y levantarme, cansada o no… Terminar pronto con el desayuno y la limpieza… Estar ya escribiendo antes de las nueve...

Con estas palabras de Silvia Plath, Mason Currey (en Rituales Cotidianos), nos sumerge en el esfuerzo de la escritora por equilibrar su vida diaria con la producción artística. Desde que supe de la existencia de este libro, tenía ganas de leerlo. En él se exploran las rutinas de diferentes artistas como Giorgia O’Keeffe, Pablo Picaso, Francis Bacon, o Louise Bourgeois. Hace unos meses, paseando por Madrid, me lo encontré en la librería del Museo Reina Sofía y decidí que era el momento de llevármelo. Aun no he terminado de leerlo, quiero ir poco a poco.

De acuerdo a mi experiencia, lo más importante en la vocación artística es mantenerse trabajando, cuidar las ganas, el entusiasmo. Sería ideal organizar todo en función de ese cuidado. Con todo, me refiero a las cosas tangibles y concretas del día a día. Esto puede parecer una tarea sencilla, sin embargo, por distintas circunstancias, hacerse el tiempo y el espacio para mantener el delicado equilibrio que sostiene el entusiasmo puede transformarse en un verdadero desafío personal.

A través del ensayo y error, de observar y conversar con otros artistas he identificado ciertos elementos fundamentales a tener en cuenta para mantenerme productiva y disfrutar del proceso artístico:

Un espacio propio

Aunque parezca obvio, me llevó un tiempo tomar consciencia de la necesidad de procurarme un espacio adecuado para pintar. Un lugar donde tener el material para trabajar y los cuadros ya terminados y también poder moverme entre medio de todo eso. He tenido la suerte de disfrutar de talleres grandes y también me ha tocado organizarme en sitios más pequeños. Mi propósito, en este sentido, es asegurarme de tener un espacio de taller, el que pueda, y sacarle el mejor partido.

Otro aspecto a considerar sería la decoración. En realidad, no sé si cualifica como decoración en sí, pero, es importante que el taller sea acogedor y cómodo, que me invite a estar allí en modo pintar. Según el proyecto que tenga y la forma en la que esté trabajando necesitaré una organización diferente (mesa, caballete o clavos en la pared, espacio en el suelo…).

En lo personal, si puedo elegir, me gusta tener luz natural, me siento mejor. También debo decir que he trabajado con luz artificial y, en ocasiones, puede funcionar. La ventaja es que una vez en el taller pierdo la noción del tiempo con más facilidad y aumenta la concentración. La desventaja es que, a priori, no me invita a entrar.

Aunque no siempre pueda lograrlo, el orden es importante para mí. No es necesario ser Marie Condo, pero me hace bien trabajar en un lugar ordenado, saber dónde están las cosas. Intento tener estantes o muebles que me ayuden a organizarme.

Mantener la inspiración

Para mantenerme inspirada, es fundamental rodearme de artistas. Conversar, ver lo que hacen, entrar en contacto con otros procesos me lleva también a conectar con mi trabajo. Me ayuda a creer en lo que hago y surgen ideas nuevas.

En ocasiones, me ha servido poner en el estudio objetos que me inspiren, ya sea en la serie que esté trabajando, o que simplemente me acompañen. A partir de uno de mis proyectos, empecé a tener animalitos de juguete en el estudio, y me di cuenta de que me llaman a trabajar y me ayudan a entrar en una modalidad de juego.

Tanto por lo meditativo de la lectura como por las referencias y estímulos, la lectura siempre ha sido una fuente de inspiración para mí. Es como si mantenerme atenta a la lectura permitiera al resto de mi cerebro crear y relacionar sin censura mientras leo.

El dilema del tiempo

El tiempo es casi lo más importante y lo más conflictivo. En teoría me gustaría dedicarle mucho tiempo. Pero “mucho” es relativo. Puede ser una trampa ya que, si –por ejemplo– no dispongo  de 4 horas hoy, mañana o pasado entonces no me pondré en toda la semana. Es preferible ponerme todos los días, aunque sea 20 minutos. De esta manera, mantengo la conexión con el proceso y, una vez que me pongo, termino encontrando más tiempo.

También es importante reservar espacio en la agenda para ver exposiciones. Ya sea en museos, galerías de arte o centros culturales. En una exposición, se cuenta una historia a través de la instalación, la selección de obras y el diálogo entre ellas. Siempre termina siendo una experiencia motivadora.

En conclusión, mantenerme conectada con el proceso artístico implica determinación y cuidado del espacio, el tiempo y la inspiración. Es un desafío diario que tiene su recompensa en la satisfacción de ver las obras terminadas.

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